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Educar en la diversidad

En cualquier caso la familia y el sistema educativo deben garantizar su desarrollo integral como persona... y por eso desde FXLD te proponemos materiales y recursos adaptados para incluir la diversidad afectivo-sexual en las aulas y en las familias.

29 de marzo del 2010  /  Padres / Madres
¿Hay algo más importante en nuestra vida que cómo nos sentimos con nosotros mismos? Parece ser que no. El afamado psiquiatra Luis Rojas Marcos nos explica por qué.



El doctor Luis Rojas Marcos es un hombre que contagia vitalidad. Le encanta hablar –es profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York– y escuchar –no en vano trató a pacientes durante 20 años y aún ve a algunos cuando las clases y los incesantes viajes se lo permiten–. Acaba de publicar La autoestima. Nuestra fuerza secreta, un ensayo sobre la valoración que hacemos de nosotros mismos y los factores que influyen en su construcción. De todo ello hemos hablado con él.

Mía: Dice en su libro que los expertos no se ponen de acuerdo en definir la autoestima, ¿por qué?
Luis Rojas Marcos: Porque hasta hace poco se pensaba que una autoestima alta era siempre un rasgo positivo de salud o de satisfacción de la vida, pero hoy sabemos que la autoestima, como valoración de 0 a 10, sólo es algo numérico. Hay muchos dictadores, asesinos, maltratadores que se valoran con un número muy alto porque basan su autoestima en el poder; por eso una autoestima alta no necesariamente implica una mejor salud mental o más felicidad. Lo más importante es saber qué ingredientes se incluyen a la hora de hacer la valoración. Ahí es donde está la clave.

M.: ¿Eso es personal?
L.R.M.: Sí, eso es algo que se comienza a crear desde las primeras semanas de vida, por ello cuando alguien dice "tengo la autoestima por los suelos" es tan importante preguntarle "¿qué has incluido en tu fórmula?". Porque a lo mejor ha incluido "es que estoy gordo" o "no me gusta mi nariz"; y le dices "háblame más de ti, ¿cómo es que no has incluido que te llevas bien con la gente, que te gusta tu trabajo?". Yo he tratado a mujeres que han ganado premios por su belleza pero estaban convencidas de que no eran guapas, a padres estupendos que, sin embargo, decían que no lo eran. Por eso primero hay que elegir qué es lo importante para cada uno.

M.: ¿Y si la persona no lo sabe?
L.R.M.: La persona lo elige. Si me preguntaras, del 0 al 10, cuál es mi nivel de autoestima, me daría un 8. Y la pregunta sería: ¿Qué he incluido a la hora de valorarme con un 8? Pues que soy buena persona, me gusta mi trabajo, lo paso bien cuando toco la batería, tengo ilusiones... y ¿por qué no me doy un 10? Pues si me diera un 10 tendría que ir al psiquiatra... Además no me doy un 10 porque hay cosas que fallan: me pone de muy mal humor que no funcionen las cosas, que se rompa una tubería, que se me pinche una rueda... Lo llevo mal y por eso me quito dos puntos.

M.: ¿Es cierto que las mujeres tenemos la autoestima más baja que los hombres?
L.R.M.: Estadísticamente es así y por mi experiencia hay varias razones. Una es que la mujer tiende a incluir el aspecto físico más que el hombre (un hombre rara vez dice "me valoro más porque soy guapo" o "me valoro menos porque soy bajo"). Otra razón es que no lleva bien la combinación de trabajo y familia.

M.: La sociedad en general presiona a la mujer para que cumpla unos cánones de belleza. ¿Hay alguna manera de liberarse?
L.R.M.: En todos los países hay grupos socialmente considerados inferiores debido a su raza, físico, enfermedad mental, homosexualidad, a que tienen o no tienen hijos... En toda sociedad hay una escala de valores y el de raza negra, el homosexual o la mujer tiene un número menos.
De Sevilla a
Nueva York

Luis Rojas Marcos nació en Sevilla en 1943. En 1968, con 24 años y recién licenciado en Medicina por la Universidad de Sevilla, emigró a Nueva York, donde reside desde entonces. Posteriormente se especializó en Psiquiatría en el Hospital Bellevue y la Universidad de Nueva York (1969-1972).
Como responsable de los hospitales públicos de Nueva York desde 1995 y miembro del Consejo de Control de Emergencias, vivió muy de cerca el terrible 11 de septiembre de 2001.
Desde febrero de 2002 es profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York. Toca el piano, la guitarra y la batería. Aficionado al footing, lleva participando en el maratón de 'la gran manzana' 14 años consecutivos.

M.: Incluye a la mujer en ese grupo de discriminados...
L.R.M.: En Oriente lo es y aquí también: gana menos que el hombre. Pero bueno, para que uno tenga una autoestima baja por esta razón tiene que creérselo. Conozco mucha gente de raza negra que valora su autoestima con un 8, y les pregunto "¿qué has metido?", y responden "me siento muy bien con mis amigos, mis hijos son estupendos, juego al fútbol mejor que nadie"; y les digo "¿y ser negro en este país?", "no, yo no me siento inferior –dicen–. Ellos son los racistas". Para sufrir el estigma social, sea de raza, de sexo o físico, te lo tienes que creer. Es decir, el impacto de la sociedad es importante pero la persona tiene que aceptar que eso es un valor. Por eso el hecho de repartir autoestima al por mayor no funciona. Tienes que saber qué es lo que tú valoras, lo que vas a estimular y a lo que no vas a darle importancia.

M.: El chico surcoreano que provocó la reciente matanza en Virginia (EE UU), ¿es un caso de autoestima dañada?
L.R.M.: Creo que sí, aunque este chico, aparte de la autoestima dañada, tenía también una enfermedad mental. La autoestima dañada es muy peligrosa. Hay gente que cuando la sufre dirige su rabia, agresividad y desgracia hacia sí mismos; se mutilan, se martirizan, se suicidan y otros que dicen: "Yo soy un desastre, pero éstos que me han hecho sentir así me los llevo por delante".

M.: Su abuelo declaró que desde pequeño era muy callado, introvertido. ¿Hay una causa/efecto?
L.R.M.: No. No cabe duda que el hablar ayuda, expresar las emociones es bueno, pero decir que la persona introvertida sea más propensa a esto, no.

M.: En cambio, en su libro sí dice que la persona extrovertida es más optimista.
L.R.M.: Tiende a sentirse mejor, porque la persona que habla le quita intensidad emocional a los problemas, en general, y tiende a conectarse más a los demás. Está demostrado que estos dos factores ayudan a superar la adversidad. Probablemente esa es una de las razones por las que la mujer española vive más, después de la japonesa.

M.: Luego está el lado oscuro. En España, la violencia doméstica contra las mujeres está en alza.
L.R.M.: No, absolutamente.

M.: Entonces ¿por qué estadísticamente hay cada vez más muertes?
L.R.M.: Las estadísticas son algo nuevo. Hoy en día no es que la violencia sea mayor sino que la rechazamos mucho más, nos llama más la atención y por eso está en los periódicos. Hoy mueren menos mujeres que hace 20 años.

M.: ¿La depresión es el mal del siglo XXI?
L.R.M.: Sí. De hecho la OMS la ha señalado como la enfermedad que más gasto social generará hasta 2020. La depresión es una enfermedad terrible, te roba la esperanza: lo que te interesaba no te interesa, la energía que tenías la pierdes, no te valoras, te culpas de todo. Empiezas a pensar que vivir no merece la pena, que no mereces el cariño de los demás y que te mereces sentirte mal.

M.: ¿Y qué se puede hacer?
L.R.M.: La persona deprimida es irritable, está de mal humor, lo ve todo muy negro. La gente tiende a rechazarla pero si es un ser querido no lo puedes hacer y le dices: "Sal, ve a bailar, ve a una fiesta". Y lo menos que se le ocurre a una persona que está empezando a cuestionar la vida es irse por ahí a bailar. A un deprimido hay que acompañarle, no criticarle por estar deprimido y sobre todo empujarle a que vaya a ver a un especialista. El 70% de las depresiones se mejoran o se curan.

M.: Para conseguir ser felices ¿deberíamos bajar nuestro nivel de expectativas?
L.R.M.: Para empezar, la palabra felicidad no es útil. Hablamos mejor del nivel de satisfacción con la vida, es más sencillo. Del 0 al 10, la gente se suele dar un 7 o un 8. M.: La gente está satisfecha. L.R.M.: Sí, si no nuestra especie no hubiera podido sobrevivir durante miles y miles de años.


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